Integralidad vs. Pensamiento polar Occidental

Integralidad vs. Pensamiento polar Occidental

 

Lic. José Alejandro Rivero de la Fuente. Director de la Universidad Insurgentes, plantel León.
Lic. Mabel Tania Torres Cortés. Coordinadora de Psicología, Pedagogía y Especialidad. Universidad Insurgentes, plantel León.

 

En este artículo se aborda el principal obstáculo para que se pueda desarrollar la formación de los alumnos de manera  integral, completa o unitaria: el pensamiento occidental o las reminiscencias culturales que nos obligan a pensar en posturas, en sistemas e ideas dogmáticas extremas, y no, como en las civilizaciones orientales, en la búsqueda de un equilibrio o totalidad, provocando que no sólo nuestro pensamiento esté escindido, sino también nuestras prácticas educativas, al separar y exaltar, a lo largo de la historia, a lo cognoscitivo sobre el resto de las esferas del desarrollo.

Palabras clave: pensamiento occidental, complejidad, competencia.

coepes-universidad-insurgentes-bCuando los pueblos antiguos trataban de dilucidar, sobre todo a partir del desarrollo de la filosofía, acerca de la esencia, misión o el desarrollo del ser humano, sus respuestas apuntaron hacia dos polos, en apariencia opuestos o de sustancia diferente: cuerpo y alma.

Ejemplo de ello no es solamente la frase que ha logrado sobrevivir hasta nuestros días, como símbolo de integridad: “mente sana en cuerpo sano”, como dos entes separados, sino que la historia nos ofrece modelos tangibles de estas creencias llevadas a lo cotidiano, a los estilos de vida: así, encontramos la vida espartana, con énfasis en la formación de guerreros fuertes, veloces, capaces; gimnastas hábiles y personas con gran dominio de las aptitudes corpóreas.

Incluso se sabe de la práctica de infanticidio en esta cultura, debido a razones de malformaciones congénitas en los bebés, a quienes despeñaban en la cadena montañosa del Parnaso.

Por el contrario, es a los atenienses a quienes corresponde el desarrollo de la ciencia, el arte o la erudición: en sus plazas se presenciaban piezas dramáticas, líricas o filosofía.

Es así como, en lo que ahora conocemos como Edad Media, las ideas cristianas mantuvieron esa polaridad, a tal grado, que resultó imposible tratar de reconciliarlas, lo mismo que los intentos por unir fe y razón, sobre todo en la era escolástica, de tal modo que muchas de las prácticas de la vida diaria consistían en martirizar, ignorar o repudiar el cuerpo, con el fin  de dignificar o exaltar al alma.

No obstante esta bipolaridad histórica entre alma versus cuerpo, no fueron pocos los personajes que intentaron reconciliarlos, con teorías como la armonía preestablecida, de Leibnitz, o a través de pronunciamientos acerca de un “órgano” en el cual se unían, como la suposición de la existencia de la glándula pineal, en Spinoza, cuya función era permitir su coexistencia.

Mucho tiempo ha pasado desde el nacimiento de la ciencia, propiamente dicha, así como del desarrollo de las religiones modernas, superando esta aparente contradicción entre la instancia tangible –corporal-, e intangible -el alma-; sin embargo, quedan estas reminiscencias o recuerdos colectivos inconscientes en las mentes de los individuos contemporáneos.

Trasladando esta analogía a otras temáticas, podemos observar la tradición bipolar en nuestro lenguaje, así como en el acervo cultural de las naciones occidentales, donde se nos obliga a representar al mundo y sus objetos en extremos, tal como aprendimos los cuantificadores matemáticos: largo-corto, grande-pequeño, cerrado-abierto, fuera-dentro.

Asimismo, baste con citar dichos populares tales como “O todo, o nada”; “O estás conmigo, o contra mí”; donde uno se ve compelido a tomar una postura.

Incluso si esto no ocurriese y se deseara ser ecléctico ante el abanico de corrientes teórico-científicas; si se quisiera ser tolerante e incluyente respecto a la diversidad de estilos de vida, preferencias sexuales o cualquier otro rasgo distintivo de personas o grupos; si se quisiera ser objetivo, por ejemplo, ante plataformas políticas e ideologías opuestas, por mencionar algunas situaciones, aun hoy día la presión social ineludiblemente actuaría a través de sus  representaciones o marcajes, de tal manera que ser tachado de “tibio” podría  tener una carga simbólica y emocional negativa, ante lo cual, pareciera, no quedaría otro remedio que, buscando la aprobación de ciertos grupos, conformarse a sus estándares, normas y representaciones sociales.

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En este sentido, otro ejemplo llevado al séptimo arte es el personaje de Malcom X, en la película homónima, durante la escena donde refiere que no debía llamársele “negro” al grupo afroamericano de Estados Unidos, debido al significado implícito de la palabra, como: falto de luz, impuro, sucio, siniestro u otras acepciones peyorativas, en contraste con el “blanco”, como signo de luz, símbolo de limpieza o pureza.

Estos, sin duda, son antecedentes de por qué, aunque razonablemente se aspire a una integralidad llevada al ámbito educativo, se continúa escindiendo al desarrollo en las esferas cognoscitiva, física, social y afectiva –por separado- o socioafectiva, que incluye la parte valoral, con un peso mayor en el conocimiento, es decir, en los productos del área intelectual.

Es verdad que otra de las razones se encuentra en el desarrollo mismo de la ciencia, debido al arraigo que se tiene por los métodos y filosofía positivistas, donde se hace hincapié en lo observable, en lo medible o cuantificable, resultando más “sencillo” darle seguimiento, aparentemente, a la adquisición de conceptos, con apoyo de pruebas, con guías de respuestas correctas, así como de la cuantificación.

Y es que pensar en dar seguimiento al desarrollo psicomotriz o socioafectivo implica, necesariamente, el empleo de evaluaciones predominantemente cualitativas, con lo cual el paradigma cuantitativo debía combinarse y, en algunos casos, dar lugar a otras alternativas.

Es así como el Sistema Educativo Mexicano, así como el de otros países, no puede sustraerse a estas prácticas, y menos aún en un contexto de inminente e ineludible globalización, donde es menester hacer caso a Edgar Morín, Jacques Delors, así como a las propuestas de la Organización de las Naciones Unidas en el área educativa, respecto a que nuestra niñez y juventud nacionales deben aprender a aprender, a hacer, a ser y a convivir, con lo cual cobran planos de igualdad, o si se prefiere, de síntesis, todas las esferas del desarrollo humano mencionadas anteriormente: cognoscitiva, psicomotriz, afectiva, tanto como social.

Es la razón de ser de los esfuerzos, públicos y/o privados, en los cambios de planes, programas de estudio, así como en el quehacer educativo, tanto dentro como fuera del aula, hacia el modelo por competencias, desde preescolar hasta el nivel medio superior, inclusive perméandose hacia la educación superior, donde se pretende ya no sólo plantearse objetivos que apunten hacia los conocimientos o productos de tipo cognoscitivo, sino también habilidades, actitudes y comportamientos prosociales.

Asimismo, los materiales y recursos didácticos se transforman hacia la pluralidad de aprendizajes, a los canales predominantes de atención, a los intereses de los alumnos, a las necesidades contextuales o a la innovación científico-tecnológica, como en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s); también se concibe que la inteligencia ya no es una, estática, inmutable o medible en términos de coeficiente intelectual, sino que, evidenciado por Gardner, ésta tiene una multiplicidad de expresiones; asimismo, las actividades en aula pretenden la globalización, a partir de tener en cuenta la transversalidad, es decir, varias temáticas, distintas disciplinas, así como todas las esferas del desarrollo –que es uno solo, al fin de cuentas- las cuales se ven involucradas en una actividad con sentido, vinculada con la realidad, promotora de aprendizajes significativos.

De la misma manera que la enseñanza y el aprendizaje son formulados de tal manera que partan de la experiencia de los alumnos, que sean coherentes con su nivel de desarrollo, con sus necesidades e intereses, entre otras características por las cuales, necesariamente, el estudiante es un sujeto activo de este proceso, intención que promovió el modelo educativo denominado “escuela nueva”, frente a la aparente pasividad, mecanicismo o marginalidad del estudiante en la llamada “escuela tradicional”.

Cabe recalcar que, si bien no es posible continuar con los paradigmas anteriores “con ojos cerrados”, tampoco debería, en aras o so pretexto de renovarse, abandonar sus bondades, ahora echando mano de las innovaciones “a pie juntillas” y desechando las experiencias positivas anteriores, puesto que, nuevamente, se cae en uno de los dos extremos de la bipolaridad.

coepes-universidad-insurgentes-cSi bien las pruebas o exámenes escritos no pueden erradicarse, debido sobre todo también a que forman parte de una práctica arraigada, pero que, bien diseñados, cuentan con algunas de las ventajas respecto a lo que miden, como puede ser comprobar la elaboración de un concepto, conviene entonces combinarlos con otras posibilidades de evaluación también de corte cualitativo o mixto, de manera que la evaluación formativa, permanente, incluya ya no solamente la heteroevaluación, sobre todo proveniente sólo del docente, sino que también sintetice la coevaluación tanto como la autoevaluación.

En resumen, se requiere abandonar la toma de posturas rígidas, sin haber hecho previamente una reflexión profunda acerca del quehacer educativo en forma completa, de tal forma que pueda ajustarse a las demandas de los estudiantes, del contexto, tanto como a las necesidades de enseñanza y aprendizaje de mayor calidad, así como realmente efectivos, cambiándola hacia una práctica más compleja, reflexiva, unitaria, coherente y continua en los tres momentos didácticos, que son la planeación, el desarrollo, así como en la evaluación, con el fin de posibilitar el pretendido desarrollo integral de los discentes.

Referencias Bibliográficas

Decroly, O. (1923) La función de la globalización y la enseñanza y otros ensayos, España: Biblioteca Nueva-Ministerio de Educación y Ciencia

Delors, J. et. al. "La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comunidad Internacional sobre la educación para el siglo XXI, en http://www.unesco.org/education/pdf/DELORS_S.PDF

Morin, E. (2010) La mente bien ordenada, España: Seix Barral

Morin, E. (1999) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, Colombia: UNESCO-Santillana

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septiembre2011

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