"La forja de personas y profesionales comprometidos en la Universidad de Guanajuato"

"La forja de personas y profesionales comprometidos en la Universidad de Guanajuato"

Indice del artículo
"La forja de personas y profesionales comprometidos en la Universidad de Guanajuato"
II.- La formación integral de los alumnos en la Universidad de Guanajuato
III.- Retos y desafíos de la formación integral
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Mtro. Nicolás Nava Nava. Profesor del Departamento de Estudios Organizacionales. Universidad de Guanajuato.

 

Las instituciones educativas, entre ellas la universidad, orientan su quehacer hacia la formación integral de sus estudiantes. En este artículo se sostiene que, en el caso de las universidades, dicha formación debe atender una dualidad (la persona y el profesionista) que a su vez se despliega en varias dimensiones entre las que destacan los saberes, las habilidades, los valores, las actitudes, las actividades culturales y deportivas y el servicio a la comunidad. A ello contribuyen los profesores, los tutores y, en general, la comunidad entera. Desde este enfoque, se describe cómo, a través de su historia, la Universidad de Guanajuato cumple con este cometido y se afirma que éste fue uno de los factores que motivaron la reforma académico-administrativa que inició con la Ley Orgánica de 2007. El artículo concluye con algunas reflexiones sobre lo que resta por hacer y constituye un desafío para todas las universidades.

Palabras clave: formación, desarrollo integral, retos y compromisos, educación superior.

I.- El compromiso de las universidades con la formación integral de sus alumnos

La universidad es la institución constituida por la sociedad para educar a la juventud y formarla para su desempeño profesional en aquellas actividades que así lo requieran. Descubrir los misterios de la naturaleza y transformarla en beneficio de la población, y conservar, acrecentar y promover las expresiones artísticas en sus múltiples expresiones, así como entregar a la sociedad los productos científicos y tecnológicos que impulsen el progreso y bienestar social, son algunas de las tareas, las más importantes, que se le han encomendado. Su quehacer se apega a los valores, principios y disposiciones normativas necesarias para la solidaridad social, la convivencia pacífica y la interacción armónica de sus miembros.

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La comunidad universitaria (constituida en su núcleo básico por los profesores, alumnos y el personal de apoyo a las funciones sustantivas) es la responsable de cumplir con la misión y visión institucionales. El gobierno de la universidad pública se ejerce con apego a los órganos de gobierno que el legislador le determina. La ley define su conformación, así como las atribuciones y responsabilidades inherentes a la función que se les asigna. De conformidad con dicha ley, compete a la universidad establecer los programas académicos que estime necesarios y organizarse como mejor lo considere.

De esta manera, la Universidad es la corporación que, a través de sus tres funciones sustantivas, se orienta a la búsqueda de la verdad; a propiciar el desarrollo personal y laformación profesional de sus estudiantes, para que contribuyan con su trabajo creativo a la satisfacción de las necesidades sociales y a que prevalezcan la justicia y la equidad, condiciones indispensables para la convivencia pacífica; y asimismo a colaborar para hacer realidad el progreso, expresado en una mejor calidad de vida de la población, sin detrimento del equilibrio ecológico.

Es válido, pues, afirmar que los estudiantes son la razón de ser de la universidad. Otras instituciones realizan con éxito labores de investigación científica, tecnológica o cultural, pero, al carecer de alumnos, propiamente no son universidades; algunas más tienen alumnos por dedicarse, pero tampoco son universidades en sentido estricto, si no realizan actividades de investigación, lo cual no desmerece su quehacer, sobre todo si es de calidad, pues la educación superior es un importante factor de movilidad social y de avance hacia una sociedad igualitaria.

Por diversas razones históricas, abundan en el país universidades públicas y privadas que ofrecen estudios de nivel medio superior y superior. El hecho es debatible, sobre todo si se argumenta que así debe ser, pues la universidad no es responsable de toda acción educativa. Muchas universidades surgieron de los colegios, que ofrecían estudios menores (primaria, secundaria o preparatoria). Heredaron la tradición y fue pertinente su incidencia en esos niveles educativos, pues las instituciones que los atendían eran escasas e insuficientes. Algunas, por ejemplo la Universidad de Guanajuato, conservaban, ya entrada la década de los setenta del siglo veinte, alguna escuela secundaria. El sistema educativo mexicano ha crecido y es capaz de atender la demanda pudiendo, incluso, rescatar de las universidades las escuelas de nivel medio superior; pero, seguramente, no se ha estimado que sea conveniente esa transferencia.

Cada escuela en cualquier nivel educativo atiende más o menos las mismas dimensiones contenidas en el concepto de formación integral; lo que las distingue de un nivel a otro son tanto los contenidos como la profundidad con los que se abordan. Cambian también el papel del educador y los medios e instrumentos empleados en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El acompañamiento de la familia en este proceso se hace más distante y esporádico.

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Por la edad en que ingresan los alumnos de nivel medio superior, la universidad los recibe inquietos debido, entre otras razones, a la energía que los desborda, las interrogantes surgidas de los cambios que experimentan en su cuerpo y en su personalidad, el ansia de autonomía que sienten obstruida, y al anhelo de trascender, de destacar, sin saber con claridad cómo. Los de licenciatura se incorporan cuando los momentos críticos de la adolescencia han quedado atrás, la sociedad les reconoce derechos y responsabilidades políticas y cuando los conatos de rebeldía dan paso a la intervención crítica, aun cuando carezcan de propuestas claras. La universidad adopta y adapta los contenidos de la formación integral a las características del nivel y de la población que atiende en su acción educativa. En cualquiera de ellos, el aspecto  personal o el profesional.

El primero, fundamental, se enfoca a que el alumno adquiera, practique, promueva y defienda los valores individuales y colectivos; forje su carácter con el autoconocimiento, la autarquía, y la autopoiesis; aprenda a disfrutar el arte en sus variadas manifestaciones, al tiempo que desarrolle su propio potencial estético; se reconozca como persona única e irrepetible, que debe elegir con responsabilidad la vía hacia su autorrealización; y desarrolle, mediante la práctica del deporte, un cuerpo saludable.

La profesional incluye los saberes, habilidades y experiencias (contemplados en los programas educativos) que los estudiantes necesitan para un desempeño laboral exitoso, ya sea como empleados, ya como emprendedores, creadores de nuevos empleos.

La universidad contraviene su razón de ser, fracasa en su esfuerzo y defrauda a la sociedad, cuando menoscaba la formación personal o profesional de sus estudiantes, pues incumple su compromiso de formarlos integralmente.



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septiembre2011

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